Memoria y lugar
- UDCI al Día

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La memoria, además de constituir y constituirse como un proceso complejo endógeno del sujeto, existe en constante interacción con aquello que nos rodea: los objetos del mundo material, representados en cosas, personas, ideas y lugares.
Existen los lugares de adentro, aquellos que se anclan en lo fantasmagórico y habitan un sustrato biográfico. Son las marcas que la existencia imprime en la vida del sujeto y que dibujan una senda donde el recuerdo y el olvido permanecen en una fricción constante.
También existen los lugares de afuera, aquellos cuyo significado se construye mediante una negociación permanente y que sólo pueden comprenderse en interacción con la cultura. No son simples repositorios de objetos, sino escenarios donde la experiencia del sujeto adquiere sentido y donde el entramado simbólico que la sostiene cobra forma.

La memoria existe en y a través del lugar. Lugares configurados tanto por el mundo interior como por el exterior, en una suerte de homeostasis simbólica que hace posible aquello que ancla al sujeto a su realidad: la identidad, la historia y el reconocimiento.
Mientras el recuerdo rescata el contexto en el que la experiencia tuvo lugar, el olvido desdibuja ese espacio. Al hacerlo, erosiona su dimensión antropológica y debilita aquello que vincula al sujeto con su propia memoria.
Así como la memoria se construye mediante la representación psicológica y social del lugar, los lugares también son reconstruidos por la memoria individual y colectiva. Cada espacio adquiere significado en la medida en que es habitado, recordado y narrado.
Cuidar nuestra memoria implica, entonces, cuidar y respetar los espacios que habitamos. En ellos no solo permanecen nuestras experiencias, sino también las huellas que sostienen nuestra identidad y los vínculos que nos unen, tanto en lo individual como en lo colectivo.

Por Dr. Sahib Yussif Escobar Sosa
Docente de Psicología UDCI




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